Di, ¡oh, diosa!, lo que sucedió luego que Rafael, el
afable arcángel, previno a Adán que aleccionado por el ejemplo de los apóstatas
del cielo, no incurriese en su infidelidad, pues él y su descendencia, a
quienes se había mandado que no tocases al árbol prohibido, se verían sometidos
a igual castigo en el Paraíso, si menospreciaban e infringían aquel único
precepto, tan fácil de cumplir, en medio de la infinita multitud de objetos que
se brindaban allí a sus gustos, por extraños que fuesen y caprichosos.
Con profunda atención escucharon Adán y su consorte Eva
aquel relato, y quedaron admirados y profundamente pensativos al oír cosas tan
grandes y tan extrañas, cosas de que no tenían la menor idea, que en cielo se
conociesen odios, y que con semejante confusión anduviesen allí mezcladas la
guerra y la paz divina, pero el mal había venido a recaer por fin como desatado
torrente sobre sus autores, privándolos para siempre de la bienaventuranza.
Disipáronse en Adán las dudas que abrigaba su corazón, y nació en él, sin otra
intención, el deseo de averiguar lo que más inmediatamente le interesaba: cómo
se produjeron el cielo y la tierra, todo este mundo visible; cuándo y de qué
fueron creados, y por qué causa; y qué era el Edén y cuanto fuera de él existía
antes de la época a que alcanzaba su memoria; semejante a aquel que ha saciado
su sed del todo, y que sigue con la vista al arroyuelo que se desliza
murmurando, y despierta en él nueva sed con el susurro de su corriente.
JOHN MILTON, nació
el 9 de diciembre de 1608, en Londres.


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