martes, 9 de diciembre de 2014

EL PARAÍSO PERDIDO



Di, ¡oh, diosa!, lo que sucedió luego que Rafael, el afable arcángel, previno a Adán que aleccionado por el ejemplo de los apóstatas del cielo, no incurriese en su infidelidad, pues él y su descendencia, a quienes se había mandado que no tocases al árbol prohibido, se verían sometidos a igual castigo en el Paraíso, si menospreciaban e infringían aquel único precepto, tan fácil de cumplir, en medio de la infinita multitud de objetos que se brindaban allí a sus gustos, por extraños que fuesen y caprichosos.

Con profunda atención escucharon Adán y su consorte Eva aquel relato, y quedaron admirados y profundamente pensativos al oír cosas tan grandes y tan extrañas, cosas de que no tenían la menor idea, que en cielo se conociesen odios, y que con semejante confusión anduviesen allí mezcladas la guerra y la paz divina, pero el mal había venido a recaer por fin como desatado torrente sobre sus autores, privándolos para siempre de la bienaventuranza. Disipáronse en Adán las dudas que abrigaba su corazón, y nació en él, sin otra intención, el deseo de averiguar lo que más inmediatamente le interesaba: cómo se produjeron el cielo y la tierra, todo este mundo visible; cuándo y de qué fueron creados, y por qué causa; y qué era el Edén y cuanto fuera de él existía antes de la época a que alcanzaba su memoria; semejante a aquel que ha saciado su sed del todo, y que sigue con la vista al arroyuelo que se desliza murmurando, y despierta en él nueva sed con el susurro de su corriente.


JOHN MILTON, nació el 9 de diciembre de 1608, en Londres.





sábado, 6 de diciembre de 2014

LA RUEDA DE LA VIDA



Yo hablo de amor y compasión, pero la mayor enseñanza sobre el sentido de la vida la recibí en mi visita a un sitio donde se cometieron las peores atrocidades contra la humanidad.
Antes de marcharme de Polonia asistí a la ceremonia de inauguración de la escuela que habíamos construido. Desde allí viajé a Maidanek, uno de los infames laboratorios de muerte de Hitler. Algo me impulsó a ir a ver con mis propios ojos uno de esos campos de concentración, tenía la impresión de que verlo me serviría para entenderlo.
Ya conocía de oídas ese lugar. Allí fue donde mi amiga polaca perdió a su marido y a doce de sus trece hijos. Sí, sabía muy bien lo que era.
Pero verlo personalmente fue diferente.
Las puertas de entrada a ese enorme recinto estaban derribadas, pero aún quedaban escalofriantes restos de su ominoso pasado donde murieron más de 300.000 personas. Vi las alambradas de púa, las torres de vigilancia y las muchas hileras de barracas donde hombres, mujeres y niños pasaron sus últimos días y horas. También había varios vagones de ferrocarril. Me asomé a mirar; la visión era horrorosa. Algunos estaban llenos de cabellos de mujer, que habrían sido enviados a Alemania para convertirlos en ropa de invierno. En otros había gafas, joyas, anillos de boda y esas chucherías que la gente lleva por motivos sentimentales. En el último vagón que miré había ropas de niño, zapatitos de bebé y juguetes.
Bajé de allí estremecida. ¿Puede ser tan cruel la vida?
El hedor procedente de las cámaras de gas, el inequívoco olor de la muerte que impregnaba el aire, me proporcionó la respuesta.
Pero ¿por qué?
¿Cómo era posible eso?
Me resultaba inconcebible. Caminé por el recinto, llena de incredulidad. Me preguntaba:”¿Cómo es posible que los hombres y mujeres puedan hacerse esto entre ellos?”. Llegué a las barracas. “¿Cómo estas personas, sobre todo las madres e hijos, pudieron sobrevivir a las semanas y días anteriores a su muerte segura?”. Dentro de las barracas ví camastros de madera, casi pegados unos con otros en cinco hileras a lo largo de la barraca. En las paredes estaban grabados nombres, iniciales y dibujos. ¿Qué instrumentos utilizaron para hacerlos? ¿Piedras? ¿Las uñas? Los observé más detenidamente y noté que había una imagen que se repetía una y otra vez.
Mariposas.
Había dibujos de mariposas dondequiera que mirara. Algunos eran bastante toscos, otros más detallados. Me era imposible imaginarme mariposas en lugares tan horrorosos como Maidanek, Buchenwald o Dachau. Sin embargo, las barracas estaban llenas de mariposas. “¿Por qué? ¿Por qué mariposas?.
Seguro que debían de tener un significado especial, pero ¿cuál?. Durante los veinticinco años siguientes me hice esa pregunta y me odié por no encontrar una respuesta.
Salí de allí impresionada por el horror de ese lugar. No entendía entonces que esa visita era una preparación para el trabajo de mi vida. En esos momentos sólo me interesaba comprender cómo es posible que los seres humanos puedan actuar tan sanguinariamente contra otros seres humanos, sobre todo con niños inocentes.



jueves, 4 de diciembre de 2014

¿ DIOS EN UNA HARLEY ?



El amor propio es la raíz de todos los problemas, es lo que nos impide amar. Uno no quiere dar nada a menos que le garanticen algo a cambio. De este modo no sabrás que el verdadero placer está en dar.

Renuncia a tu ego y dejarás sitio sólo a la felicidad.

Empezarás a verte a ti mismo tal y como eres, a quererte por lo que eres, y a continuación compartirás ese amor. Que sea correspondido o no, poco importa. Lo que cuenta es sentir algo muy auténtico, querer de verdad sin necesidad de recibir algo a cambio.

Da tu amor pero no entregues tu persona. Eso sólo te pertenece a  ti. De este modo nadie podrá aprovecharse de algo que tú no les das.


JOAN BRADY, nace e 4 de diciembre de 1939, en San Francisco (USA)





lunes, 1 de diciembre de 2014

HISTORIA DE UN SOÑADOR


Daniel Delfín puso en práctica lo que el mar le había enseñado. Mejoró sus técnicas de surf y cada día aprendía una nueva lección.
Daniel utilizó este mismo conocimiento para afrontar las dificultades que encontraba en la vida, y descubrió que las cosas se resolvían con mayor facilidad.
En su corazón sabía que todas las cosas que compartía con el mar eran un medio para alcanzar algo importante, espiritualmente más elevado que todo cuanto había experimentado con anterioridad. Buscaba la ola perfecta, aquella que algún día llegaría para mostrarle el verdadero propósito de su vida. Así que en los días que siguieron, Daniel intentó comprender adónde le conducía su sueño. No sólo buscaba surfear bien, sino que escuchaba a su corazón cada vez que dominaba una nueva técnica que daba mayor soltura a sus movimientos. se esforzaba y prestaba atención a cada detalle.
Había comenzado a practicar en la parte exterior del arrecife, una región del atolón en la que ningún delfín se había aventurado, un área prohibida por la Ley de la manada. Y cuando la desesperación estaba a punto de vencerle, recordó lo que el mar le había dicho:

Llega un momento en la vida en que no hay nada más que hacer,
 sino seguir tu propio camino…

Recordó el momento en que el mar le reveló esas palabras por primera vez. Pero ahora, una luz iluminó el corazón de Daniel, y finalmente entendió lo que el mar había estado tratando de decirle. Entendió el porqué de tanto entrenamiento, de todas las horas dedicadas para mejorar su técnica e incrementar su confianza y fortaleza.
Debía dar el gran salto a lo desconocido, lejos de la seguridad de su arrecife, hacia un lugar en el mundo donde las reglas que gobernaban la manada no tuviesen significado o valor. Para hallar el verdadero propósito de su vida, Daniel delfín necesitaba desprenderse de todo aquello que le impusiera límites.
- ¡Ahora lo comprendo! –exclamó en tono triunfal-. La ola perfecta no vendrá a mí. ¡Soy yo quien debe hallarla!


SERGIO BAMBARÉN, nace el 1 de diciembre de 1960, en Perú