martes, 26 de agosto de 2014

EILEEN



Permanece en paz. Resistirte no te conduce a nada; simplemente te deja exhausto y frustrado porque nunca te sientes más cerca de la meta. Sólo aprende a ser. Cuando hayas cesado de esforzarte, sube a mis brazos amorosos como una criatura fatigada. Rodeado por esos brazos, siente la paz, el consuelo y la completa Unidad Conmigo.

Es todo muy simple, muy natural, pero su misma simplicidad impide que el hombre lo haga. Está siempre tratando de complicar las cosas, haciéndome tan inaccesible que es imposible llegar a Mí directamente. Cree que tiene que hacerlo por caminos tortuosos, de gran sufrimiento y esfuerzo. ¡Qué gran tontería! ¡Qué pérdida completa de tiempo y esfuerzo! Yo estoy dentro de cada uno de vosotros. Reconoce esto constantemente; acepta su simplicidad. Camina y habla Conmigo en todo momento y lugar.

Yo estoy aquí para aliviar todas las cargas, y dar respuestas a todos los problemas a fin de que tú estés libre para hacer Mi obra. ¿Cómo puedes hacer Mi obra cuando estás atado a ti y tus problemas y te sientes agobiado? Debes estar libre para elevarte, moverte libremente y sentirte uno Conmigo.

No necesitas intermediarios, una vez que has aceptado esta Verdad. Yo Soy el que Soy. Yo estoy dentro de ti y dirijo toda tu vida.

No permitas que nada de tu ser inferior se interponga en el camino.


EILEEN CADDY, nació el 26 de agosto de 1917, en Alejandría (EGIPTO)






lunes, 25 de agosto de 2014

PATRICIAS





— ¡Hola, Tom, muchacho! —dijo míster Greenleaf con una voz que era una promesa de buenos martinis, una cena digna de un gourmet, y una cama donde pasar la noche si se sentía demasiado cansado para regresar a casa.
— Emily. ¡Éste es Tom Ripley!
— ¡Estoy tan contenta de conocerle! —dijo ella con voz cálida.
—Encantado, mistress Greenleaf.
Mistress Greenleaf era tal como Tom se había figurado: rubia, bastante alta y esbelta, con la suficiente dosis de convencionalismo para obligarle a comportarse como era debido, pero, al mismo tiempo, con un ingenuo deseo de complacer a todos, igual al que poseía su marido. Míster Greenleaf les acompañó a la sala de estar, Tom recordó que, en efecto, ya había estado allí con Dickie.
— Míster Ripley se dedica a los seguros —anunció míster Greenleaf.
Tom tuvo la sospecha de que se había tomado unas cuantas copas, o quizá aquella noche estaba muy nervioso, ya que la noche anterior Tom le había hecho una detallada descripción de la agencia de publicidad donde supuestamente trabajaba.
— No es un trabajo demasiado interesante, por cierto —dijo Tom modestamente, dirigiéndose a mistress Greenleaf.
Entró una doncella en la habitación con una bandeja de martinis y canapés.
— Míster Ripley ya ha estado aquí —dijo míster Greenleaf—. Vino algunas veces con Richard.
— ¿De veras? Me parece que no nos hemos visto, sin embargo —dijo su esposa, con una sonrisa—. ¿Es usted de Nueva York?
— No, soy de Boston —dijo Tom, y era cierto.
Al cabo de unos treinta minutos y bastantes martinis, entraron en el comedor contiguo a la sala de estar. La mesa estaba puesta para tres y adornada con velas; había en ella unas enormes servilletas azul oscuro y una fuente con un pollo entero nadando en salsa. Pero antes tomaron céleri rémoulade. Tom sentía predilección por aquel plato, y así lo dijo.
— ¡Pues Richard también! —exclamó mistress Greenleaf—. Le gusta mucho la forma en que lo prepara nuestra cocinera. Lástima que no pueda llevarle un poco a Europa.
— Oh, lo pondré con los calcetines —dijo Tom con una sonrisa.
Mistress Greenleaf se rió. Le había dicho a Tom que se llevase unos cuantos pares de calcetines de lana para Richard, negros y de la marca Brooks Brothers, como los que siempre usaba Richard.
La conversación resultó aburrida, pero la cena era soberbia. Contestando a una pregunta de mistress Greenleaf, Tom dijo que trabajaba en una agencia de publicidad llamada Rothenberg, Fleming y Barter. Más tarde, al volver a hablar de ella, premeditadamente cambió el nombre por el de Reddington, Fleming y Parker. Míster Greenleaf no dio muestras de advertir la diferencia. Tom citó el nombre por segunda vez cuando él y míster Greenleaf se hallaban a solas en la sala de estar, después de la cena.



 
PATRICIA HIGHSMITH (Fort Worth, Texas, 19/1/1921 – Locarno, Suiza, 4/2/1995)











 


Las Patricias celebran este día su onomástica, pero el santoral menciona otras dos santas con este nombre cuya fiesta es el 13 de marzo. 
Entre las glorias del nombre hay que recordar que Patricia era el sobrenombre con que era venerada Isis en su templo de Roma y que los romanos llamaron Colonia Patricia a Córdoba, porque patricios fueron sus primeros colonos. Es el de Patricia un nombre que representa el más alto nivel de nobleza en Roma y tiene como patrona una mujer de gran personalidad, cual corresponde a una auténtica Patricia. ¡FELICIDADES!







 




domingo, 24 de agosto de 2014

EL BUEN COMBATE



El hombre nunca puede cesar de soñar. El sueño es el alimento del alma, como la comida lo es del cuerpo. Muchas veces, en nuestra existencia, vemos nuestros sueños deshechos y nuestros deseos frustrados, pero es necesario continuar soñando, pues de lo contrario nuestra alma muere.
El Buen Combate es aquel emprendido porque nuestro corazón lo pide. Desplazado de los campos de batalla de antaño al interior de nosotros mismos.
El Buen Combate es aquel entablado en nombre de nuestros sueños. Cuando explotan dentro de nosotros, con todo su vigor, en la juventud, tenemos mucho coraje pero todavía no hemos aprendido a luchar. Después de mucho esfuerzo, hemos aprendido a luchar pero ya no tenemos el mismo coraje para combatir. Por eso, nos volvemos contra nosotros mismos y pasamos a ser nuestro peor enemigo. Decimos que nuestros sueños eran infantiles, difíciles de realizar o fruto de nuestra ignorancia de las realidades de la vida. Matamos nuestros sueños porque tenemos miedo de entablar el Buen Combate.


· El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo. Las personas más ocupadas siempre tienen tiempo para todo. Sin embargo, las que nada hacen siempre están cansadas, no consiguen realizar el poco trabajo que tienen y se quejan constantemente de que el día es demasiado corto. En verdad, tienen miedo de enfrentarse con el Buen Combate.
· El segundo síntoma de la muerte de nuestros sueños son nuestras certezas. Porque no queremos considerar la vida como una gran aventura para ser vivida. Pasamos a juzgarnos sabios, justos, correctos en lo poco que pedimos de la existencia. Miramos más allá de las murallas y escuchamos el ruido de lanzas que se rompen, el olor de sudor y de pólvora. Pero nunca notamos la alegría, la inmensa alegría que está en el corazón de quien está luchando, porque para ellos no importan ni la victoria ni la derrota, importa sólo participar del Buen Combate.
· Finalmente, el tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida pasa a ser una tarde de domingo, sin pedirnos cosas importantes y sin exigirnos más de lo que queremos dar. Creemos entonces que ya estamos maduros; abandonamos las fantasías de la infancia y conseguimos realizarnos personal y profesionalmente. Nos sorprendemos cuando alguien de nuestra edad dice que quiere todavía esto o aquello de la vida. Pero, en verdad, en lo íntimo de nuestro corazón sabemos que lo que ocurrió fue que renunciamos a luchar por nuestros sueños, a entablar el Buen Combate.
Cuando renunciamos a nuestros sueños y encontramos la paz, tenemos un pequeño período de tranquilidad. Pero los sueños muertos comienzan a pudrirse dentro de nosotros e infectan todo el ambiente en que vivimos. Empezamos a ser crueles con los que nos rodean y finalmente pasamos a dirigir esta crueldad contra nosotros mismos. Surgen las enfermedades y las psicosis. Lo que queríamos evitar en el combate –la decepción y la derrota- pasa a ser el único legado de nuestra cobardía. Y llega un bello día en que los sueños muertos y podridos vuelven el aire tan irrespirable que pasamos a desear la muerte, la muerte que nos libre de nuestras certezas, de nuestras ocupaciones y de aquella terrible paz de las tardes de domingo.


PAULO COELHO, nace el 24 de agosto de 1947, en Rio de Janeiro (BRASIL)