jueves, 19 de junio de 2014

PA NEGRE



¿Por qué motivo olvidaba sus principios y mostraba sin vergüenza alguna la pasión, la locura, la sed de amor que sentía por aquella mujer?
Sólo una ceguera y una obsesión enfermiza, como de alta fiebre que lleva en su organismo el paciente sin darse cuenta, podría haberle hecho perder el juicio de aquella manera. Y así, sin quererlo, su exceso de amor me reportó un rechazo por cualquier sentimiento e inclusive un miedo por los acercamientos emotivos y vibrantes hacia otra persona.
Aprendí una lección para huir de todo compromiso sentimental: a más amor, más peligros de toda índole. No te acerques y no te quemarás. El amor quema. El amor consume. El amor mata.


EMILI TEIXIDOR, murió el 19 de junio de 2012, en Barcelona.

martes, 17 de junio de 2014

SEQUÍAS



Siempre he tenido muy presente el hecho de que la sal resulta imprescindible para la supervivencia de casi todos los seres que pueblan el planeta, pero hubo momentos en los que llegué a la conclusión de que tenía que existir una forma mucho más lógica de equiparar la oferta a la demanda, puesto que los científicos calculan que si toda la sal de 108 océanos se derramara sobre Europa, la hundiría bajo una capa de cinco kilómetros de espesor, lo cual resultaba a todas luces desmesurado.
En un principio, cuando la humanidad aún no se había multiplicado como plaga de conejos omnívoros y destructivos, el frágil equilibrio natural se bastaba y sobraba para proporcionar agua dulce por el viejo sistema de evaporar los mares y dejar caer la lluvia sobre los continentes, pero cabría imaginar que al forzar la máquina hemos acabado por dañarla irremediablemente, y ya no cubre nuestras cada vez más exageradas exigencias.
Como un motor mal reglado, a causa del ritmo tan atroz, nos ha llevado al efecto invernadero, el viejo ciclo de las cuatro estaciones pierde ritmo, intercambia sus funciones, actúa a destiempo, y el hombre se enfrenta pronto a la triste realidad de que lo imprevisible se adueñado de sus cielos, y sus campos no le ofrecen los frutos que antaño le otorgaran.
El error no estriba por tanto en que haya demasiada sal en el mar, sino más bien demasiados seres en la tierra.
Basándose en un axioma tan simplista, tan sólo cabría plantearse dos soluciones válidas: o reducir el número de seres humanos, o reducir la sal del mar. La primera no parece haber proporcionado satisfactorios dividendos, visto que los hombres llevan siglos aniquilándose por métodos cada vez más sofisticados sin que ello mejore un ápice la situación, lo que tal vez lo más lógico sería empezar el plan de la segunda opción, pese a que en apariencia ofrezca muchísimas más dificultades. Desalar el agua del mar a un precio razonable parece más sensato, que inventar una bomba atómica capaz de aniquilar un millón de personas de un solo golpe.





-Ten en cuenta -me respondió sonriente- que para desalar el agua del mar tenemos que impulsarla a setenta atmósferas de presión a través de membranas de ósmosis inversa. Y conseguir dicha presión exige el empleo de enormes turbo bombas que consumen muchísima energía. Todo ello repercute sobre el precio del agua, y si quieres entenderlo mejor te invito a visitar la planta.
Eso fue todo, pero una frase se me grabó de inmediato en la mente: "Setenta atmósferas de presión”.
¡Setenta atmósferas! Yo no entendía nada de física, ni de química, ni de cómo funcionaba una membrana de ósmosis inversa, pero sí había algo que había aprendido muy bien durante mi época de buceador, dado que en ello me iba la vida: diez metros de columna de agua equivalen a una atmósfera de presión.
Es decir: una presión de un kilo por centímetro cuadrado.
Setenta atmósferas equivalían, por tanto, a una profundidad de setecientos metros en el fondo del mar. Jamás había descendido, ni remotamente, a setecientos metros, ya que a lo más que había llegado era a sesenta, lo que casi me cuesta un disgusto, pero ese pequeño detalle carecía de importancia.
Lo que tenía que saber, ya lo sabía. La idea siguiente llegó por sí sola:
Si se pudieran colocar membranas de ósmosis inversa a una profundidad de setecientos metros, el agua salada se convertiría en dulce.
¡Simple! Simple pero imposible. No obstante, siempre he sido de los que no consideran que algo es imposible hasta que se convence de que lo es, por lo que dediqué gran parte de mi tiempo libre -que por aquellos días era mucho- a diseñar submarinos, campanas, boyas y toda clase de artilugios que pudieran contener las susodichas membranas, calculando cómo podrían transformar el agua de mar, en agua potable para devolverla más tarde a la superficie.
Aquello resultaba tan complicado y absurdo que llegó un momento en que tanto mi familia como amigos empezaron a dudar de mi capacidad mental.



Hoy 17 de junio:
Día Mundial de lucha contra la Desertificación y sequía.










sábado, 14 de junio de 2014

DIME



INSTANTES

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.                        
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.







JORGE LUIS BORGES, muere en Ginebra el 14 de junio de 1986.




DIME (Atribuído erróneamente a Borges, su autor es Gustavo Alejandro Castiñeiras)

Dime por favor donde estás,
en que rincón puedo no verte,
donde puedo dormir sin recordarte,
y donde recordar sin que me duela.

Dime por favor donde puedo caminar
sin ver tus huellas,
donde puedo correr sin recordarte,
y donde descansar con mi tristeza.

Dime por favor cual es el cielo
que no tiene el calor de tú mirada,
y cual es el sol que tiene luz tan sólo,
y no la sensación de que me llamas.

Dime por favor cual es el rincón
en el que no dejaste tú presencia.

Dime por favor cual es el hueco de mi almohada,
que no tiene escondidos tus recuerdos.

Dime por favor cual es la noche
en que no vendrás para velar mis sueños.....

Que no puedo vivir porque te extraño,
y no puedo morir, porque te quiero.